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El negocio del cuero pide pista en Rosario.

El sector atraviesa un buen momento con más ventas y revalorización de marcas. Pero toca sus límites en materia de mano de obra e insumos caros.

Para entrar en el corazón del negocio del cuero rosarino hay que saber lo esencial: todas las piezas son confeccionadas por cientos de talleristas que trabajan en forma independiente.

Es que ninguno de los empresarios del cuero, ni los más grandes, se animan a levantar una amplia estructura propia: tercerizan la labor por miedo a los avatares de la macroeconomía. Además, hay un eje que atraviesa a éstos empresarios: la mayoría hace más de 30 años que se desempeña en el negocio por lo cual están acostumbrados a éstos vaivenes, pero hoy están de parabienes.

En la región hay desde marcas que fabrican volúmenes, como Morrison, On Duty y Black Raven, y que además trabajan en el canal mayorísta, y tras firmas que crecen en la venta directa pero también tienen fabricación propia, como es el caso de Almacén de Cueros, Berry, Crudo o Étnico.

Desde 2005 comenzaron a subir sus facturaciones bajo dos ejes: por un lado el fervor por una onda de productos "argentinísimos" con el cuero a la cabeza y por el otro la propia recuperación del país y sobre todo del campo, que apuesta a la identificación con productos diferenciados.

Si de costos se trata, el cuero está en este momento por las nubes, lo que dificulta la rentabilidad del negocio. "Hoy si querés trabajar con cuero de buena calidad tenés que pagar unos u$s20 el metro", calcula desde su taller en Fisherton Juan Romano, gerente comercial de Morrison. Para tener una idea más precisa de lo que ésto significa, una campera para hombre necesita al menos tres metros y medio de cuero, mientras que una de mujer dos metros y medio.
 
 
 
 
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